
La Publicidad en Valladolid: Historia, Voces y Memoria Colectiva
Durante la década de 1970, Valladolid era una ciudad con gran riqueza arquitectónica, pero marcada por el deterioro y la falta de desarrollo urbano. La pobreza, paradójicamente, fue aliada de la conservación: muchas casas y edificios coloniales se mantuvieron en pie porque no había recursos ni deseos de sustituirlos por construcciones modernas. Sin embargo, no existía un tratamiento integral de imagen urbana. Las fachadas eran deterioradas y solo las zonas comerciales se mantenían en mejores condiciones. En ese contexto, la arquitectura se convirtió en el principal soporte publicitario. Los negocios pintaban directamente sobre los muros los nombres de sus establecimientos y, en muchas ocasiones, listaban detalladamente todos los productos que ofrecían.
La historia
La publicidad en Valladolid, Yucatán, no siempre se presentó en espectaculares ni en plataformas digitales como ocurre hoy en día. Su historia está ligada a la vida cotidiana, al patrimonio arquitectónico y a la creatividad de comerciantes y pioneros locales que, con recursos limitados, supieron hacerse escuchar y ver. Este recorrido por los años setenta y ochenta nos permite entender cómo se anunciaban los productos, servicios y eventos en una ciudad que, a pesar de las limitaciones, encontró en la publicidad un puente entre la tradición y la modernidad.

FUENTE: CARLOS COSGAYA

FUENTE: CARLOS COSGAYA

FUENTE: CARLOS COSGAYA

FUENTE: CARLOS COSGAYA

Durante la década de 1970, Valladolid era una ciudad con gran riqueza arquitectónica, pero marcada por el deterioro y la falta de desarrollo urbano.
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La pobreza, paradójicamente, fue aliada de la conservación: muchas casas y edificios coloniales se mantuvieron en pie porque no había recursos ni deseos de sustituirlos por construcciones modernas.
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Sin embargo, no existía un tratamiento integral de imagen urbana. Las fachadas eran deterioradas y solo las zonas comerciales se mantenían en mejores condiciones.
En ese contexto, la arquitectura se convirtió en el principal soporte publicitario. Los negocios pintaban directamente sobre los muros los nombres de sus establecimientos y, en muchas ocasiones, listaban detalladamente todos los productos que ofrecían.

En una época sin agencias de publicidad ni diseñadores gráficos en Valladolid, la publicidad visual era obra de los mismos comerciantes y de los rotulistas, artesanos de la pintura que trabajaban con catálogos de tipografías sencillas. (Cosgaya, 2025)
Publicidad visual en los setenta: creatividad sin diseñadores
Principales formas de publicidad EXTERIOR :
Marcos publicitarios en esquinas
Publicidad en fachadas
Era la más común. Los nombres de los negocios y la lista de productos se pintaban en letras grandes. Se solían ubicar en los macizos superiores de las fachadas, entre ventanas y cornisas. Aunque en Mérida los rótulos incluían elementos artísticos (flores, marcos, querubines), en Valladolid predominaba la sencillez.
Señalética urbana patrocinada
Estructuras fijas en puntos estratégicos de la ciudad, diseñadas para pegar carteles de eventos como circos, bailes o estrenos de cine. Eran espacios destinados únicamente a publicidad, evitando saturar las fachadas coloniales.
Los letreros de calles y sentidos de tránsito incluían publicidad de marcas como Coca-Cola o Pepsi. Esta mezcla de funcionalidad y mercadotecnia fue uno de los primeros intentos de financiamiento compartido entre empresas y el municipio.
Carteles portátiles
Hechos con estructuras de madera y mantas reutilizables. Se repintaban o recubrían con nuevas capas de papel.
Colores, estilos y mensajes
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A partir de los setenta se introdujo una tipografía de estilo “colonial”, con letras estilizadas en rojo y negro.
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Ejemplo emblemático: el Mesón del Marqués, con su distintiva letra inicial en rojo sobre un cartel de madera.
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Los mensajes eran directos y descriptivos: no buscaban creatividad poética, sino claridad en lo que se vendía.

